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Lecturas recomendadas

Quiero aprovechar esta época de fin de año, en que tenemos una tendencia natural a hacer recuentos, para recomendar algunos libros que leí en este 2025 y que me parecen bastante excepcionales.

Los dos libros que más me impresionaron tratan, casualmente, un tema muy parecido, pero su abordaje fue totalmente diferente. Me refiero a El jardinero y la muerte del escritor búlgaro Gueorgui Gospodínov y El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de la escritora moldava-rumana Tatiana Tibuleac.

El libro de Gospodínov nos hace un relato de los últimos días del padre del autor y de los primeros meses del proceso de duelo. El relato está escrito en episodios breves, puntuales, con observaciones que giran alrededor de la huerta sembrada y cuidada por el padre durante buena parte de su vida. Los ciclos de la naturaleza, las plagas, el riego y la cosecha están hilvanadas con el proceso de la enfermedad, decaimiento y fallecimiento del padre.

A través del vínculo del jardín y el hombre, Gospodínov encuentra las metáforas y el lenguaje para hablar de un tema difícil y doloroso, pero también, para reconstruir la biografía del progenitor y la relación familiar. Este libro aprovecha para hacer algunas reflexiones puntuales sobre los recuerdos, el funcionamiento de la memoria, la paternidad (propia y ajena) y, por supuesto, sobre nuestra propia mortalidad.

El jardinero y la muerte es un libro particularmente conmovedor de leer si se ha perdido al padre y si, además, este tenía el hábito de sembrar plantas. Muchos episodios los leí llorando, porque los recuerdos y las analogías con mi experiencia personal fueron inevitables.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una novela narrada en primera persona en la que un narrador, con una serie de angustias y problemas personales, acompaña a su madre a unas vacaciones en un pueblito de Francia. El narrador es un pintor que odia a su progenitora y detesta su presencia, pero durante la estancia con ella, se entera de su enfermedad y se ve obligado a vivir todo el proceso de su deterioro físico.

La historia, pues, es similar a la novela anterior en lo que cuenta, pero se diferencia en cómo lo hace. Aunque también recurre a episodios breves contados, algunos de apenas un par de líneas, la actitud del personaje, al inicio hostil y cínica, va transformándose a medida que la convivencia le devela aspectos y anécdotas de su historia familiar que le eran desconocidos o indiferentes.

Desde otra perspectiva, el libro de Tibuleac también resulta conmovedor. Los personajes pasan por un proceso de transformación, tanto física como emocional. Los secretos de la madre son revelados y, con ello, hay una aproximación a la comprensión de los múltiples enigmas que yacen al fondo de las insatisfacciones individuales de la familia.

Hubo otros tres libros que me conmovieron y cuyas propuestas utilizan herramientas literarias para narrar historias verídicas. Me refiero a Autoretrato de Édouard Levé, El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza y La llamada de Leila Guerriero.

El francés Édouard Levé, quien además de escritor era fotógrafo, tiene una obra muy breve y peculiar. Sus libros están escritos en una secuencia de frases, en apariencia desordenadas, pero cuyo conjunto ilustra la intención de sus títulos. Su obra más conocida es Suicidio, un registro de los recuerdos del autor sobre su mejor amigo, que se suicidó años antes. Levé entregó el manuscrito a su editor en el 2007 y diez días después se quitó la vida también.

Autoretrato está escrito en el mismo estilo que Suicidio, con frases que tratan de emular los procesos de la memoria, en un texto continuo, con oraciones breves separadas por punto y seguido, sin respetar un orden o detonante particular. Es una lectura que fascina al lector por el azar inesperado de cada enunciado y que, sin duda, le lleva a recordar su propia vida. Al final del libro tenemos una buena idea de las características de quien lo escribió.

El desierto y su semilla también se relaciona con suicidios, aunque de otra manera. Su autor, el argentino Jorge Barón Biza, narra en esta novela con evidentes tintes autobiográficos, la historia de su madre, cuyo rostro fue desfigurado por el ácido que le fue arrojado por su esposo, el padre del autor, en una de las reuniones para finalizar el divorcio entre ambos. La novela detalla el proceso de recuperación de la madre, que viaja acompañada por su hijo a diferentes países y clínicas en busca de tratamiento.

El evento de la desfiguración no afectó sólo a la madre, sino a todo el grupo familiar. En la vida real, el padre, Raúl Barón Biza, se suicidó momentos después del atentado a su esposa. La madre, hermana y el propio autor terminaron suicidándose también, años después. Por ello, la lectura de El desierto y su semilla conlleva un regusto amargo y angustioso. Esta fue la única novela de Barón Biza.

La llamada, de la periodista argentina Leila Guerriero, reconstruye la vida de Silvia Labayru, militante de los Montoneros, quien fuera secuestrada por militares a finales de 1976 y trasladada a la temida ESMA, la Escuela de Mecánica de la Armada argentina, donde fue torturada y retenida durante un par de años. La historia de Labayru no termina con su liberación de la ESMA y su vida en el exilio, ya que, después, llegó a ser repudiada y acusada de traidora por sus ex compañeros de organización.

Toda la complejidad de aquellos eventos es abordada por Guerriero a través de numerosas entrevistas, tanto a Labayru misma, como a familiares, ex parejas y amigos sobrevivientes.

Otras lecturas sobresalientes fueron El adversario de Emmanuel Carrére, La zona de interés de Martin Amis y La maleta de Serguei Dovlátov.

Mi mayor decepción de lectura de este año fue la brevísima El hombre joven de Annie Ernaux, premio Nobel de Literatura 2022. Una publicación de apenas 32 páginas (aunque en algunas ediciones alcanza las 42), que pretende rememorar la relación de Ernaux con un hombre mucho más joven que ella. Por desgracia, la narración (que está muy lejos de ser una crónica o una novela breve), pierde la oportunidad de profundizar en un tema que daría para analizar muchos aspectos interesantes sobre las relaciones afectivas entre personas de diferentes edades. Da la impresión de que fue un libro escrito aprisa, para sacar una publicación justo después de recibir el Nobel y que, en realidad, no quiere contar ni profundizar en nada.

Como suele ocurrir, no todos los libros nos gustan o impactan por igual. Hay temporadas en que parece que no leímos nada significativo ni importante, o en que varias lecturas (a las que entramos con altas expectativas), resultan decepcionantes o desconcertantes. También hay épocas en que nada nos engancha o nos llama la atención. Pero en otros períodos, hay libros que renuevan nuestra esperanza en la inventiva y las posibilidades que ofrecen las propuestas de la literatura actual.

Al hacer la selección de estas recomendaciones, llego a la conclusión que el 2025 fue para mí un año de buenas lecturas y que los libros decepcionantes fueron pocos.

Ojalá haya sido así para todos y que el próximo año nos traiga más y mejores libros.

(Publicada en La Prensa Gráfica, sección de opinión, domingo 14 de diciembre, 2025. Foto propia).


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