Columna de opinión, Libros

La llegada del mundo invisible

Hace un par de semanas terminé de leer La llegada del mundo invisible del escritor salvadoreño Pedro Romero Irula. El libro, publicado a inicios de este año por la editorial salvadoreña Índole, reúne siete cuentos cortos en una edición de 66 páginas.

Romero Irula no es un desconocido en el mundo de las letras. En años recientes comenzó a publicar algunas de sus narraciones en las revistas digitales Café irlandés, La piscucha, La Zebra, Literariedad y El escarabajo. En el 2019, junto con Luis Contreras, contribuyó como compilador de la publicación Lados B, de la editorial Los Sin Pisto, una selección de cuentos escritos por un grupo de voces emergentes en la literatura salvadoreña. Así mismo, publicó Dos bolos, un libro electrónico gratuito, con la Editorial Entre Tejas de Chiapas, México, en 2022.

En una nota al final de La llegada del mundo invisible, Pedro explica que todos los relatos se originan en la cultura popular salvadoreña. Algunos vienen de la tradición oral o son una adaptación libre de fuentes de archivos históricos. Este elemento me parece un detalle importante. En nuestro país circulan múltiples leyendas y creencias populares que no han sido documentadas debidamente. Se transmiten por la vía oral o fueron mencionadas en pequeñas ediciones de monografías municipales, muchas de ellas ya desaparecidas. Su conocimiento está limitado a lugares específicos y no son del alcance general, precisamente porque no hay investigaciones ni registro, sea antropológico o literario, que las recopile y las ponga a disposición de lectores e investigadores. Con el flujo migratorio de nuestros compatriotas y la inevitable muerte de nuestros mayores, estos relatos se van perdiendo, dejando vacíos en la construcción de nuestra memoria e identidad.

Otro de los valores de este libro es la incursión en una forma de escritura que rompe con el costumbrismo tradicional de nuestra cuentística y también con la tendencia de la narrativa contemporánea de retratar conflictos sociales. Romero Irula se atreve a hacer un remix de lo urbano y de lo rural, combinando elementos del horror, el misterio y el terror psicológico, sin ahondar en un contexto social o histórico específico.

El resultado de dicha mezcla son estos textos cuya lectura no está limitada a la violencia urbana como tal; nos propone una realidad alterna, quizás tan o más oscura, asfixiante y atemorizante que la que creemos conocer y que los personajes de estos cuentos tienen la mala suerte de experimentar en carne propia.

Mi favorito de este libro es “Pájaro bofe”, el primero de esta colección. Según la nota, su origen es de San Miguel, quizás de Sesori. El autor la conoció porque le fue contada a su mejor amigo por su abuela (demostrando la importancia de la tradición oral en la transmisión y rescate de estas creencias). Otros cuentos que me gustaron fueron “Blackout” y “La casa denegrida”. Varios tienen elementos con los que el lector puede identificarse o que remiten al recuerdo de relatos de fantasmas que nos fueron contados por alguien, en un pasado que ahora parece demasiado lejano o que, quizás, hasta soñamos.

Romero Irula forma parte de un grupo de nuevos escritores salvadoreños que, poco a poco, están gestando una renovación del cuento nacional a través de sus temas, historias y formas de contar. Benjamín Silva, Luis Contreras, Carlos González Portillo, Andreas Portillo, Michelle Recinos y Felipe García son algunos de ellos.

Pese a las dificultades de difusión literaria en un país con escasas editoriales, con poco hábito de lectura y, sobre todo, con mínimo aprecio por la literatura nacional, estos nuevos narradores han sabido trabajar en sus propuestas sin la presión o la prisa a la que parecen estar sometidos algunos escritores noveles, en cuyas publicaciones es demasiado evidente su deseo de popularidad. Pareciera que escriben solamente para complacer a un público, pero no aspiran a comprender las técnicas literarias o, sencillamente, no tienen una buena historia que contar.

En medio de las dificultades mencionadas, la aparición del libro de Pedro Romero Irula merece ser celebrado. Lo considero un buen augurio, no solamente para esperar su próxima publicación con ansias, sino también para aplaudir a esta nueva horneada de escritores que, esperamos, serán la próxima generación de talentos de la literatura nacional.

(Publicado en sección de opinión de La Prensa Gráfica, domingo 10 de agosto de 2025. Foto propia de la portada del libro).


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