Hace poco escuché el audiolibro de El cartero siempre llama dos veces, la novela breve del estadounidense James M. Cain. Esta historia es uno de los clásicos de la literatura negra. Sirvió de base para la película del mismo nombre, estrenada en 1946, dirigida por Tay Garnett y protagonizada por Lana Turner y John Garfield. También existe una versión fílmica de 1981 (protagonizada por Jack Nicholson y Jessica Lange) y hasta una ópera que debutó en 1982.
Tuve suerte de encontrar una versión del audiolibro en su original en inglés, leído nada menos que por el actor Stanley Tucci. Dicha versión fue la ganadora del premio AudioFiles Earphones Award de 2005, un premio concedido por la revista AudioFile a los mejores audiolibros en varios géneros literarios. Para otorgarlo, los organizadores toman en cuenta la calidad de la lectura, dicción clara y si el material seleccionado aplica para dicho formato.
Aunque he visto las versiones fílmicas más de una vez, nunca había leído el libro y lo tenía en mi extensa lista de lecturas pendientes. Cuando descubrí la versión en audio, me pareció una buena oportunidad para aproximarme a la novela.
La lectura de Tucci es impecable. Es como si estuviera sentado a la par tuya, en un sofá, leyéndote el libro. Su voz es reconfortante, pero también sabe hacer las pausas y entonaciones de manera natural, sin sonar falsas o ridículas. Hay que recordar que uno de los personajes principales de la novela, Nick Papadakis, es un griego y Tucci transmite el acento de manera natural. Por supuesto, quien lee es un actor con vasta trayectoria, que ha interpretado una amplia gama de roles en el cine, lo cual le ha concedido la experiencia y el entrenamiento para poder leer un material como este, insisto, de manera impecable.
Hay varias aplicaciones que permiten acceder a audiolibros de buena calidad. Soy suscriptora de Everand (antes Scribd) que, por una cuota mensual, tiene a disposición del suscriptor miles de libros electrónicos en diferentes idiomas, así como su versión en audio (si es que la tiene). Varias editoriales, como Anagrama, producen sus propios audios. También hay otros producidos por empresas que garantizan el uso de lectores humanos, ya que las voces generadas por inteligencia artificial producen un tono plano y robótico, poco atractivo para el escucha.
En dicha plataforma pude escuchar otro libro que me pareció espectacular: la novela El exorcista, leída por su autor William Peter Blatty. No siempre los escritores tienen la capacidad y el talento de leer sus propios libros en voz alta, pero la versión de Blatty es una excepción sorprendente. Dicho audiolibro (en inglés) también puede encontrarse de forma gratuita en YouTube.
Sé que hay mucho prejuicio y discusión sobre si los audiolibros son otra forma de leer o no. Para mí son otra manera de acercarnos a la literatura y de conocer novelas o cuentos. No se compara con ver una película, porque éstas suelen agregar y, sobre todo, suprimir elementos de las historias para adaptarse a un formato que dura un tiempo limitado. Sin embargo, el audiolibro es (o suele ser) una versión íntegra y fiel del libro publicado.
Para personas muy ocupadas o que tienen espacios de tiempo muerto, el audiolibro me parece una buena opción para adelantar lecturas. Durante esas largas horas en el tráfico, durante las monótonas labores de limpieza o de cocina, durante las esperas en un banco o en cualquier parte, un audiolibro puede entretenernos y disminuir el nivel de estrés o impaciencia que nos provocan algunas de estas situaciones.
Escuchar un audiolibro no es mejor ni peor que leer un libro en papel. Es, simplemente, una experiencia diferente, una estrategia que nos permite agregar algo más de tiempo de lectura en nuestras ocupadas vidas.
(Publicado en sección de opinión, La Prensa Gráfica, domingo 13 de julio, 2025. Foto de portada del audiolibro de The Postman Always Rings Twice de James M. Cain, leído por Stanley Tucci. Tomado de Everand).
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