Columna de opinión

La sustancia

La búsqueda de la eterna juventud en el ser humano es un tema recurrente en diversas manifestaciones artísticas. Está presente en libros, películas, pinturas y hasta canciones.

Es un tema complejo que no se limita a una simple manifestación de la vanidad individual. Tiene que ver también con el envejecimiento, la enfermedad, el dolor físico y emocional, la soledad y el deseo de derrotar a la muerte misma o, por lo menos, de retrasarla el mayor tiempo posible. Estamos demasiado conscientes de cómo la sociedad trata a las personas mayores y cómo empieza todo tipo de discriminación a partir de cierta edad. Cómo somos vistos y aceptados (o rechazados) por la sociedad a medida que envejecemos inicia, muchas veces, por nuestra mera apariencia física.

A pesar de que en años recientes se ha intentado masificar el concepto de la positividad corporal para que hombres y mujeres se acepten tal cual son, incluido el proceso de envejecimiento, la práctica demuestra que seguimos sin asumirlo a nivel colectivo. Los despidos y la dificultad para acceder a puestos de trabajo a partir de cierta edad, la gerontofobia, la invisibilidad, la discriminación etaria y el abandono son algunos de los problemas que las personas mayores sufren a diario.

Estas son algunas de las reflexiones latentes en la película La sustancia (2024) de la directora francesa Coralie Fargeat. Su protagonista es una actriz llamada Elizabeth Sparkle que, en su cumpleaños 50, recibe el nada sutil anuncio de que deberá ser sustituida de su programa matutino de televisión por alguien mucho más joven. Sparkle consume entonces una misteriosa sustancia que la hace recrearse a sí misma en alguien la mitad de su edad. El efecto dura una semana. Para evitar consecuencias negativas, debe respetar todo el protocolo de uso y aplicación de la sustancia de manera estricta.

Aunque se dice que es una película de terror u horror corporal, siento que estamos mucho más ante una sátira con final gore, que juega con varios géneros pero que, sobre todo, hace un homenaje velado a diversos directores. Es fácil reconocer momentos que evocan a Stanley Kubrick, David Cronenberg, Brian De Palma, Dario Argento y hasta Alfred Hitchcock. También podemos recordar a Jane Fonda y sus famosos videos de ejercicios de 1982.

La preocupación de la directora por el tema de un mejor aspecto físico no es nueva. En su corto Reality+ del 2014, la acción transcurre en una sociedad donde es posible implantarse un chip en la base del cráneo, que hace que la gente vea una mejor versión de la persona, seleccionando rostro, voz, contextura física y otros detalles, al gusto del cliente. El efecto dura solamente 12 horas, tras las cuales la persona volverá a ser vista en su forma original por las 12 horas restantes del día, tiempo necesario para la recuperación del organismo del efecto de la transformación.

Al igual que en La sustancia, hay formas de violentar el proceso. En Reality+, la persona puede someterse a una operación que hackea el sistema del chip y lo deja funcionando sin límites de tiempo. Esta operación deja en el usuario una costura a todo largo de la espalda, muy similar a la de la protagonista de La sustancia.

La gran diferencia entre el corto y el largo es el tono. El largometraje se caracteriza por una cuidadosa y limpia factura visual de varias escenas, el uso del color estridente y quizás, sobre todo, el rocambolesco final que, a mi parecer, se le salió de las manos a la directora. Lejos de ser grotesco, la figura del final inducía a risa y no a terror o a repulsión, como podría esperarse del llamado género del horror corporal.

Aquí es donde la comparo con Titane (2021) de Julia Ducournau, otra película del mencionado género. Los personajes de La sustancia no me causaron ningún tipo de lástima o conexión. El deterioro de sus cuerpos no me causó incomodidad o asco alguno, como sí lo hizo Titane, donde en alguna escena casi que podía sentir las sensaciones físicas que estaba pasando la protagonista.

La sustancia también me recordó a una película de 1959, La mujer avispa de Roger Corman, una película tipo B, de apenas una hora de duración, en blanco y negro y de poca calidad. El personaje principal es la dueña de una empresa de productos de belleza, que comienza a experimentar con jalea real de abejas reina para lograr una apariencia juvenil en las mujeres. La lentitud de los resultados y las bajas ventas de su producto, la impulsan a experimentar consigo misma, inyectándose dosis cada vez mayores de su compuesto, lo cual termina mutándola en una bestia asesina.

Me ha sorprendido la discusión desatada alrededor de La sustancia. En varios sitios de películas y cuentas en redes sociales, especializadas en cine, muchos la están juzgando con un entusiasmo que me parece poco objetivo. La sustancia no es una mala película, su factura visual está muy bien cuidada, las actuaciones de Demi Moore y Margaret Qualley son excelentes. Pero, como mencioné, el final me pareció desordenado y los vacíos del guion no permiten que uno se identifique demasiado con la suerte de la protagonista.

Esta película marca el retorno al cine de Demi Moore, una actriz bastante apreciada en décadas pasadas, pero muy criticada en años recientes debido, precisamente, a los tratamientos y cirugías que se ha realizado para mantener la juventud de su rostro. Eso no deja de ser irónico, aunque quizás esa misma situación fue la que le permitió a Moore canalizar las emociones necesarias para lograr su estupenda actuación.

“Debe aprender a envejecer con dignidad” es una frase que suele leerse mucho cuando se comentan los rostros operados de diversas estrellas de Hollywood. ¿Pero qué tanto dignificamos nosotros, como sociedad, a quienes envejecen de manera natural? ¿Aceptamos su experiencia, sus talentos, su sabiduría? ¿Respetamos y escuchamos sus opiniones? ¿Aceptamos su aspecto físico y eventuales dolencias sin burlarnos, sin desprecio, sin condescendencia? ¿Cuándo erradicaremos la cultura del desprecio al envejecimiento?

(Publicada domingo 20 de octubre 2024, sección de opinión de La Prensa Gráfica. Ilustración: fotograma de la película).


Descubre más desde Jacinta Escudos

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.