Columna de opinión

Convivencia digna con los animales

Un perro, de espaldas, viendo cómo se aleja un carro por la carretera.

Para quienes nos gustan los animales, hay un problema que no puede escapar de nuestra atención: los animales abandonados y la falta de programas u opciones para su sobrevivencia.

Varios de los aspectos a considerar sobre este problema tienen un origen cultural. Crecemos y nos criamos en sociedades que miran a los perros y gatos como subordinados, como seres inferiores cuyas vidas están sujetas a nuestras decisiones y caprichos. Los animales callejeros son vistos como un estorbo, como una amenaza de salud y como una impertinencia. No pensamos que, la mayoría de veces, viven en la calle como resultado de nuestra propia negligencia.

Algunas personas piensan que la mejor manera de controlar este problema es eliminando en los animales, sometiéndolos a muertes crueles mediante venenos, vidrio molido, golpes y otras atrocidades. Alguien que tiene el corazón tan duro como para no conmoverse por el sufrimiento de otros seres vivos, muy difícilmente tendrá la generosidad o la compasión necesaria para ayudar a sus propios congéneres.

Existen soluciones no violentas para aminorar el problema de los animales callejeros. Una de ellas es tomar conciencia y educar sobre la importancia de la esterilización en caninos y felinos. Esto mejora la calidad de vida de los animales y evita la proliferación de crías indeseadas. Además, los convierte en animales más caseros y menos dados a peleas, marcaje de territorio y conductas indeseadas.

Por desgracia, al no esterilizar a perros y gatos, muchas personas que no tienen deseo de tener más animales o que no cuentan con recursos para afrontar la responsabilidad de una nueva camada de crías, suelen abandonar a las hembras preñadas o a las crías resultantes, a su suerte. Esto conduce a la multiplicación de colonias de animales ferales. Tampoco es fácil regalar de forma rápida a cachorros. Las personas desean recibirlos ya desparasitados, vacunados y, de ser posible, hasta castrados, para ahorrarse los gastos y los cuidados que conlleva el procedimiento veterinario.

En cuanto a los animales ferales, hace falta implementar programas de captura, castración y liberación, que es una forma de controlar su aumento indiscriminado ya que, por su naturaleza no doméstica, no son aptos (la mayoría de veces) para vivir en un ambiente doméstico. Es otro de los problemas culturales en cuanto a la adopción de animales. La gente quiere un animalito dócil, juguetón, callado y obediente. Pero en cuanto el animal comienza a demostrar su propia naturaleza y personalidad, llegan a ser abandonados o dejados fuera de casas ajenas, donde vive gente que se sabe o es reconocida por cuidar animales.

Muchas personas intentamos ayudar a los animales callejeros brindándoles alimento, agua limpia y espacios donde refugiarse o dormir. Pero ese esfuerzo individual que realizamos en nuestras colonias y comunidades es pequeño frente a un problema que es complejo y que tiene diferentes aristas. Estos esfuerzos individuales no suelen dar abasto para la dimensión real del asunto y muchas veces nos sobrepasa. De pronto nos convertimos en dueños de varios animales, de manera involuntaria. Afrontamos la responsabilidad, porque lo contrario sería aumentar esa cadena de abandonados.

Es indispensable crear albergues de acogida para animales en abandono, ya que los pocos refugios existentes están colmados y solamente admiten ejemplares que estén enfermos o heridos. Esos albergues pueden funcionar también como centros de adopción para quienes busquen hacerse de una compañía felina o canina. Puede tomarse ejemplo del funcionamiento de centros de adopción de otros países, que no sólo brindan la atención médica básica a los ejemplares, sino que también hacen una investigación de los adoptantes, para verificar que tengan las condiciones socio económicas para brindarle a los animales una vida digna.

Pero quizás y, sobre todo, lo que nos falta es un proceso masivo de educación, que debería comenzar desde la infancia. Debe inculcarse el respeto hacia todos los animales, lo que en consecuencia y como valor agregado, ayudaría a comprender el funcionamiento de los ciclos naturales en general y, ojalá, concientizar sobre el respeto del medio ambiente, algo imprescindible en estos tiempos de crisis climática.

Esto del respeto a los animales también abarca el tema de la convivencia entre vecinos. Es necesario que aprendamos a hablar si se tiene un problema causado por alguno de sus perros o gatos. Matarlos, aparte del sufrimiento que se le ocasiona al animal (que no tiene noción del problema), causa también un sufrimiento emocional en su dueño.

Para mí fue un dolor espantoso sufrir la muerte de uno de mis gatos, hace un par de meses, cuyo cuerpo tiraron frente al basurero de la colonia y al que golpearon hasta reventarlo. Él no merecía una muerte así de cruel y yo tampoco merezco ese dolor, sobre todo porque me considero una buena vecina y siempre he colaborado en lo necesario para resolver problemas de convivencia en la colonia.

Tampoco soy idealista. No comparto el concepto ingenuo de que alguien que trate bien a los animales es siempre un ser amable y generoso. Conozco a más de alguna persona que es un amor con sus animales pero que es un asco con los demás humanos. Recordemos que hasta Hitler amaba a sus perros.

Vivimos un tiempo donde muchos de nuestros conceptos están siendo cuestionados y revertidos a profundidad. En ese sentido, es también necesario que reflexionemos sobre nuestra actitud y relación con los animales y nuestras formas de convivencia con ellos. Durante siglos, los animales de todo tipo han sido explotados por nosotros. El ser humano ha dispuesto de sus vidas, los ha usado como alimento, como fuerza de trabajo y hasta como ayudantes de guerra. Recordemos a los perros que han sido usados para colocar bombas, las ratas usadas para detectar minas y las palomas enviadas con mensajes a través de frentes enemigos.

Reflexionar y cambiar nuestras conductas sobre nuestra relación con los animales, no sólo servirá para que estos tengan una vida más digna, sino que también nos dignificará a nosotros, como seres respetuosos de cualquier y toda forma de vida.

(Publicado en sección de opinión, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 30 de julio, 2023. Foto tomada de este enlace, bajo licencia Creative Commons).


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