Míster Eléctrico

En el otoño de 1932, un niño de 12 años llamado Ray Douglas Bradbury, regresaba junto con su familia del entierro de su tío favorito. Mientras el coche avanzaba, Ray miró hacia la orilla del Lago Michigan y distinguió las carpas del circo Dill Brothers Combined Shows, que había llegado a la ciudad la noche anterior. El niño urgió al padre que detuviera el coche. Éste se molestó ya que recién venían de un entierro, pero finalmente se detuvo y Ray Bradbury salió corriendo loma abajo hasta llegar al circo.

Lo primero que vio cuando llegó fue a un hombre al que llamaban Míster Eléctrico. Estaba sentado sobre una plataforma, en la entrada principal del lugar. En aquellos días, Ray estaba fascinado con la magia. De hecho, llegó a pensar que, “cuando fuera grande”, sería un mago profesional. Fue el pretexto ideal para acercarse a Míster Eléctrico: le pidió que le explicara cómo hacer un truco de magia.

Eléctrico complació la petición y le enseñó algún truco. Luego lo llevó a conocer a los otros artistas del circo: El hombre tatuado, la mujer más gorda del mundo, el hombre fortachón, los trapecistas, los enanos y el hombre esqueleto.

Aquella noche, Ray acudió al circo para ver el espectáculo. Esperaba con ansias el número de Míster Eléctrico. Cuando por fin salió, el sujeto se sentó en una silla eléctrica, con una espada en la mano y, al bajar una palanca, recibió una descarga de cincuenta mil voltios. Sus ojos se encendieron y el pelo de su cabeza se erizó en el aire. Luego, con la espada electrizada, tocó a las personas que estaban en la primera fila. Cuando reconoció a Ray, colocó la espada suavemente sobre su frente, la nariz y la barbilla, y le susurró: “Vive para siempre”.

La anécdota la contó el propio Bradbury en una entrevista concedida en el 2010, a la prestigiosa revista literaria The Paris Review. Mencionó esta historia como el evento determinante que lo hizo convertirse en escritor y olvidarse de la magia. “Sabía que había ocurrido algo importante para mí ese día, sentí que algo cambió. Mi vida dio un giro absoluto. A los pocos días comencé a escribir, y no he parado desde entonces”, comentó.

Ray Bradbury se convirtió en un escritor de renombre, autor de 27 novelas y más de 600 cuentos. Varios de los artistas que conoció aquel día en el circo, terminaron como personajes en sus historias. El hombre tatuado se convirtió en El Hombre Ilustrado, personaje y título de uno de sus más populares libros de cuentos.

Ray Bradbury nació el 22 de agosto de 1920, en Waukegan, Illinois, Estados Unidos. Su familia tuvo que mudarse un par de veces de estado, en busca de trabajo. Cuando no estaba en la escuela, podía encontrarse al joven metido en la biblioteca pública de la ciudad, leyendo libros de autores como H. G. Wells, Julio Verne, Edgar Allan Poe y Edgar Rice Burroughs, autor de las aventuras de Tarzán y de John Carter en el planeta Marte. Este planeta, y la posibilidad de su exploración y colonización, fue un tema que fascinó a Bradbury durante toda su vida. Por otro lado, su acceso a las bibliotecas públicas le hizo valorarlas como una institución esencial para la sociedad. Bradbury considera que fue en ellas donde se auto educó y que no hubiera podido escribir como lo hizo, si no hubiera tenido acceso a todos esos libros de manera gratuita.

En cuanto terminó sus estudios de secundaria, Bradbury comenzó a vender sus cuentos a diversas revistas populares. La mayoría de sus historias y novelas son de fantasía, horror, misterio y ciencia ficción, aunque Bradbury renegaba de esta última clasificación. Decía que sus libros eran, sobre todo, fantasía. Que así debía leerse Crónicas marcianas, por ejemplo, uno de sus libros más conocidos y que habla sobre la colonización humana de Marte.

La novela que le dio el reconocimiento internacional fue, sin duda, Farenheit 451, una historia escenificada en un futuro donde los libros son quemados y quienes los poseen son rebeldes que deben ser apresados y eliminados. Es una historia donde la lectura es un acto subversivo y donde la memorización de los libros (táctica a la que recurren los personajes para preservarlos) es una metáfora de esperanza, donde se deduce que lo único que puede salvar a nuestra humanidad es la literatura misma.

Se estima que sus libros han vendido más de ocho millones de copias alrededor del mundo, en los 36 idiomas a los que ha sido traducido. Bradbury también se dedicó al teatro y a escribir guiones de cine, siendo su trabajo más reconocido su adaptación de la novela Moby Dick de Herman Melville. Este guión fue filmado por John Huston y estrenado en 1956, con la actuación de Gregory Peck en el papel del capitán Ahab y una breve, pero contundente, aparición de Orson Wells, interpretando al padre Mapple.

Ray Bradbury murió el 5 de junio de 2012. Más de alguna vez, Bradbury externó su deseo de ser enterrado en el planeta Marte, imaginando que la humanidad llegaría allá antes de su muerte. Pero Bradbury fue enterrado aquí, en la Tierra, en el cementerio Westwood Village Memorial Park, en Los Ángeles. Su lápida, a petición de él mismo, dice solamente: “Ray Bradbury, autor de Farenheit 451”.

Aquel pequeño toque de electricidad en la espada con la que Míster Eléctrico tocó a un niño que quiso ser mago tuvo, sin duda, un efecto intenso. El susurro de “vive para siempre” se convirtió en toda una premonición para Bradbury, a quien todavía recordamos y a quien seguiremos leyendo durante muchos años más.

Este 2020 fue su centenario, así como lo fue también para Charles Bukowski, Boris Vian, Idea Vilariño, Mario Benedetti, Isaac Asimov, Frank Herbert, Mario Puzo, Clarice Lispector y Paul Celan. También fue el centenario del músico de jazz Charlie Parker y del cineasta italiano Federico Fellini, entre otros artistas.

Todo un puñado de estrellas, nacidas en un prodigioso 1920.

(Publicado domingo 15 de noviembre 2020, en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador. Foto propia).

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