Un cuento de Navidad

Ebenezer Scrooge odia la Navidad. Es un tipo que no sonríe, no es benévolo ni comprensivo con nadie, ni siquiera con quienes convive a diario. Odia a los pobres y piensa que sería mejor que todos estuvieran muertos. Así se evitarían los problemas de sobrepoblación que afean tanto la ciudad de Londres. El trabajo es lo único importante para Scrooge. Para él es incomprensible que no se trabaje el día de Navidad. No hacerlo es perder dinero. La felicidad y la ilusión de los niños que esperan regalos y golosinas para esa noche le parecen una estupidez. 

Scrooge se va a casa a pasar la Nochebuena solo. No quiso aceptar la invitación de su sobrino para cenar con su familia y está molesto por haberle tenido que dar la tarde libre a Bob Cratchit, empleado de su oficina. Ya a punto de dormir, Scrooge recibe visitas.  

Primero, lo visita el fantasma de su socio Jacob Marley, quien debido a su avaricia y maldad ha sido condenado a arrastrar una pesada cadena por toda la eternidad. Marley le advierte que si no enmienda su conducta en vida, correrá el mismo destino cuando le toque morir.  

Después aparecen otros fantasmas que llevarán a Scrooge en viajes por el tiempo. El fantasma de la Navidad Pasada lo hará revivir la muerte de su madre; su infancia en internados; la frialdad de su padre; el matrimonio de Scrooge y el subsiguiente abandono de su esposa cuando aquel se convierte en un adicto al trabajo. Finalmente revive la muerte de su hermana, el último afecto que le quedaba. Cada uno de esos eventos dolorosos supuso el encierro en sí mismo y la dureza que Scrooge manifiesta ante los demás.  

La Navidad Presente le hace darse cuenta de que Cratchit tiene un hijo, a quien llaman Tiny Tim, quien es cojo y enfermizo. El bajo salario que le paga Scrooge no es suficiente para cuidar mejor de él. La Navidad Futura le muestra la alegría, la indiferencia y el pronto olvido que causará su muerte, debido a su mezquindad y dureza de corazón. 

Esa noche de visitas fantasmales impacta a Scrooge de tal manera que al día siguiente cambia de forma radical. Ayuda a Tiny Tim, el hijo de Cratchit, y celebra de nuevo una Navidad, ante el asombro y la sorpresa de quienes conocieron su amargura.  

Cuento de Navidad es la historia de la redención de un villano. De un milagro que solamente la potencia del espíritu navideño podría consumar. El escritor inglés Charles Dickens la escribió en el transcurso de 6 semanas (entre octubre y diciembre de 1843), por varios motivos. Por un lado, quería apoyar la renovación de la celebración y tradiciones navideñas inglesas que habían caído en desuso. Dickens además era crítico del capitalismo y la industrialización. Darle a todo un valor económico había desvalorado valores como la generosidad, dando importancia a quien acumula mayor cantidad de bienes y menospreciando a quien tiene menos.  

Apoyar la renovación de las tradiciones navideñas implicaba también una crítica al consumismo que el capitalismo promovía. La compra de regalos suponía una transacción económica donde predominaba el factor dinero y donde lo emocional (el nivel de importancia afectiva que tenía el receptor del regalo) determinaba el valor en metálico que se estaba dispuesto a pagar por dicho objeto.   

Dickens, que por su propia infancia de niño trabajador conocía a profundidad las miserias y carencias de la clase obrera, quiso que aquella nueva narración pudiera ser leída ese mismo fin de año por todos sus lectores. Para lograrlo, debía imprimirse en forma de libro, y debería tener un precio razonable para que personas de diferentes capacidades económicas pudieran comprarlo. 

En ese momento, Dickens tenía 31 años y atravesaba problemas monetarios. Pensó que, invirtiendo parte de su propio dinero para realizar la impresión de acuerdo con sus especificaciones, las ventas le permitirían recibir alguna ganancia que aliviara su situación. Trabajó la primera edición con la editorial Chapman & Hall y el libro salió publicado el 19 de diciembre de 1843, luego de descartar una primera impresión cuyo color de portada y otros detalles no dejaron satisfecho a Dickens. 

La edición de 6.000 ejemplares se agotó en los cinco días siguientes de salir a la venta. Pero cuando el escritor se sentó a hacer cuentas con la editorial, al ser deducidos todos los gastos de la edición fallida y los materiales invertidos, recibió solamente 137 libras. Dickens esperaba hacer una ganancia de 1.000 libras para compensar su inversión y resolver sus asuntos. Al año siguiente se haría una nueva edición que también se agotó. Pero incluso con la venta de esa nueva edición, Dickens no logró recibir más de 726 libras. 

La historia de Ebenezer Scrooge no salvó a Charles Dickens de sus problemas financieros, pero alcanzó esa ambición secreta de los escritores de que alguna de sus historias trascienda las páginas del libro e incluso, su propio tiempo. Son numerosas las representaciones teatrales, obras musicales, dibujos animados y películas que se han realizado basados en esta historia. En algunos países, la palabra “scrooge”, sirve para definir a una persona que no le gustan las fiestas de fin de año y a la que le fastidian todos los ritos y costumbres que la época impone.  

Por desgracia, la percepción que tenía Dickens de su tiempo, quien pensaba que el capitalismo y la revolución industrial habían mercantilizado todo y que los valores humanos estaban relegados a la invisibilidad, pervive hasta el día de hoy. Persisten la desigualdad económica y los corazones endurecidos que no se conmueven ante el dolor ajeno. Corazones tan duros que ni la visita de algunos fantasmas ni la lectura de esta u otras historias, podría ablandarlos.  

A pesar de ello, seguimos soñando con que algún día, pronto, algo cambie. Es la esperanza implícita que trae cada cambio de año.  

¡Ah! Si todo fuera tan fácil como en los cuentos de Navidad… 

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 30 de diciembre de 2018. En la foto de portada: frontispicio y página del título de la primera edición de Un cuento de Navidad, publicada en 1843, con dibujos de John Leech).

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