¿Qué pasa con las bibliotecas de los escritores cuando mueren?

A la muerte de Herman Melville, una librería compró sus libros por 120 dólares pero sólo aprovechó algunos: a los de teología los destruyó para vender el papel. Los libros de Stephen Crane tuvieron una suerte incluso más disparatada: fueron subastados en las escaleras de ingreso de un juzgado de Florida tras la muerte de su viuda, para pagar deudas. Los nueve mil ejemplares de la biblioteca personal de Ernest Hemingway permanecen en su villa cubana sin que puedan ser consultados por los especialistas debido a la censura del gobierno de ese país.

Al igual que el autor de El viejo y el mar, Mark Twain solía afirmar que carecía de formación literaria, pero los ejemplares que han sido rescatados de la pérdida de su biblioteca muestran a un lector voraz y analítico.

El escritor como lector – Diario EL PAIS – Montevideo – Uruguay.

 

There are 3 comments

  1. Lilian Montenegro

    ¡Qué tristeza! ¡Pobres libros! A semejanza de un cuento de Hugo Lindo parece que hay que destruirlos para tener espacio. Mis libros estan amenazados de muerte. Actualmente la situación que afrontan con mi familia es: si ya los leiste ¿para qué tenerlos si todos están en internet. Tengo numerosos ofrecimientos de ayudarme a hacer (o sea llegar y botar libros). No dudo que al nomás estirar la pata, la consigna será: hoy si los podemos botar para tener más espacio fisico.¿y el mental ?

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  2. carmengonzalezhuguet

    Las bibliotecas de escritores en El Salvador van por lo general a parar al parque San José, donde las desguazan los vendedores de libros usados. Salvo algunas excepciones notables, como la de Francisco Andrés Escobar, que fue donada por la familia de Paco a la biblioteca Florentino Idoate de la UCA. Yo creo que mis libros van a terminar en cualquier recicladora de papel. Al menos así mi familia recuperará algunos centavos, porque por lo general los libros no los aprecia nadie en este país de analfabetas.

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  3. Pau Llanes

    Ay, ése es mi problema… (sea escritor o simplemente escriba).

    Debo ocuparme en solucionar el destino de mi biblioteca. Mi hijo mayor por supuesto no quiere heredar este gran problema en 14.000 volúmenes y varias toneladas de peso. Yo vivo ahora a 9.000 kms de distancia de mi biblioteca… ¿Qué hacer?

    Por supuesto no quiero diluirla en otra gigantesca biblioteca universitaria o central. Prefiero que sea el punto de partida de un nuevo proyecto cultural en cualquier sitio del mundo mundial. En algún lugar que amen los libros, el arte, y necesiten algo así para impulsarlo y marcar su origen… No sería muy exigente, sólo unos compromisos asumibles sin gran esfuerzo…

    ¿Alguien sabe dónde puedo encontrar un nuevo hogar para mis libros y mis recuerdos?

    saludos…

    Pau Llanes

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