¿Arte o crueldad?

Advertencia: Si usted es de sensibilidad delicada, le recomiendo no leer la columna de hoy (o puede saltarse los siguientes 6 párrafos), porque tengo que arrancar con unas descripciones bastante desagradables. No quiero perturbar su apacible día domingo.

Katinka Simonse es holandesa. Su nombre artístico es “Tinkebell”, similar al hada que acompaña a Peter Pan, sólo que sin la “r”. Simonse se dio a conocer en el 2004 con un proyecto llamado “Mi queridísima gata Pinkeltje”. El evento consistió en torcerle el pescuezo a su gata y despellejarla luego con sus propias manos, para utilizar la piel de la víctima y convertirla en una cartera.

Interrogada sobre los motivos de este acto, Simonse dijo que la gata estaba enferma y que de todos modos iba a morirse, así es que le pareció que lo mejor era que el animal muriera por su propia mano. ¿Pero hacer una cartera con la piel de la gata? Explicó que era para tener a su animalita siempre con ella. Luego se dedicó a dar talleres donde explicaba cómo torcerle el pescuezo a un gato y hacer una cartera con su piel.

No es este el único acto “artístico” de la susodicha. En el 2007 compró 60 pollitos macho de descarte de una granja, y en un evento en un mercado público anunció mediante un megáfono que echaría los pollitos a una trituradora de papel. Si la gente quería salvarlos, debía comprarlos. Se vendían a 15 euros cada uno.

Pese a la indisposición generalizada de los asistentes, sólo se vendieron 9 pollitos. Pero algunos llamaron a la policía para detener aquella masacre. Simonse explicó el motivo detrás de toda aquella demostración: miles de millones de pollitos macho son gaseados o triturados vivos cada año porque no pueden poner huevos, su carne es dura y como objeto de producción no son rentables y no sirven para nada. Con este acto quería dar a conocer esta masacre cotidiana de animales.

¿Qué pasó? Uno de los organizadores del mercado compró todos los pollitos restantes porque no quería que el local estuviera asociado a una matanza animal. La policía detuvo a Simonse y la estuvo interrogando durante cinco horas. Luego la acusaron formalmente de violar leyes en contra del bienestar animal. Mientras tanto, la persona que compró los pollitos los llevó a la policía. Éstos los llevaron a un asilo para animales, pero allí les dijeron que no recibían los de dicha especie. Terminaron llevando a los pollos de vuelta a la misma granja donde Simonse los había comprado. Y seguramente resultaron gaseados al final del día.

No terminan ahí las producciones dizque artísticas de Simonse. En el 2008 tomó a 100 hámsters y los metió en bolas de plástico para que rodaran durante horas en el piso de una galería, sin agua y sin comida. Normalmente el tiempo que un animalito de estos puede estar encerrado en una de dichas bolas es un máximo de 20 minutos. Simonse los tuvo metidos ahí durante varias horas.

Y hasta aquí paro con la desagradable descripción de las “actividades artísticas” de la holandesa. Lo irónico de todo es que Simonse alega que sus actividades no son para exaltar la crueldad sobre los animales sino, todo lo contrario, para crear una reacción de shock entre el público y dar a conocer la realidad detrás de nuestra actitud hipócrita, como sociedad, en referencia a ellos. Matamos serpientes y vacas para utilizar sus pieles como elementos de vestido o calzado, nos comemos la carne de numerosas especies y los criamos en condiciones abominables con ese fin, los utilizamos en funciones de espectáculos como circos y los obligamos a obrar en contra de su naturaleza, previas torturas y sufrimientos.

¿Qué de malo tiene entonces meter 60 pollitos en una trituradora de papel si en la granja de todos modos iban a gasearlos, al mejor estilo nazi? ¿Qué de malo tiene hacerse una cartera con la piel de su amado gato si seguro ya tiene una cartera hecha de cuero de vaca? ¿Qué de malo tiene ver rodar por el suelo un montón de hámsters si en su casa tiene encerrado en una jaula a un canario, a un perico o también a un hámster?, según el  concepto de Simonse.

No es ésta la única “artista” que ha utilizado a los animales para dizque protestar contra la hipocresía social. Para no irnos lejos, en el 2007 un costarricense llamado Guillermo Habacuc Vargas amarró a un perro callejero en una galería de Managua, Nicaragua, y lo dejó morir de hambre, como parte de una instalación artística donde, en la pared, había escrito la frase “Eres lo que lees” con comida para perros.

Según Habacuc, la hipocresía social es tal que si la gente ve a un perro callejero en la calle, muriéndose de hambre, nadie dice nada. Pero si lo ven en los blancos salones de una galería, todos los espectadores se sensibilizan con el asunto, aunque demasiado tarde puesto que nadie le dio de comer al perro, nadie lo soltó, y nadie llamó a la policía.

En lo personal, me resulta muy difícil aceptar estos eventos como manifestaciones artísticas. Y créanme que trato de mantener una mentalidad abierta para comprender y analizar las obras más modernas del arte, algunas ciertamente muy desconcertantes según el medio que utilizan para enviar su mensaje. Pero me niego a aceptar como “arte” un suceso que involucre la muerte premeditada de un animal, ni siquiera su exhibición.

Es el mismo motivo por el cual no le veo nada de divertido ni de educacional ni mucho menos de artístico a los circos que utilizan animales para sus shows, siendo cada vez más conocidas las series de torturas físicas a las cuales son sometidos por los entrenadores para lograr que osos, leones, tigres o elefantes ejecuten trucos, como saltar a través de un aro de fuego o pararse en dos patas durante largo rato, eso sin tomar en consideración las abominables condiciones de vida que deben soportar.

Está bien que nos indigne profundamente la abominable y torcida relación que tenemos con los animales, sobre todo cuando los consideramos alimento o productos rentables para diversos tipos de industria. Recordemos que los animales también son utilizados muchas veces para realizar experimentos y pruebas de todo tipo de productos, desde maquillaje y shampoo hasta medicamentos.

Pero pasar de la indignación a utilizarlos de estas maneras atroces para protestar por lo que vemos mal es rebajarnos al mismo nivel de lo que estamos denunciando y perdemos todo tipo de credibilidad y solvencia moral.

Mahatma Gandhi decía que la grandeza de una nación y su progreso moral pueden medirse por el trato que reciben sus animales. Si no se tiene compasión ni respeto por seres que consideramos “inferiores”, ¿por qué habríamos que tenerlo por los demás seres humanos?

Aunque ahora que lo pienso, esto es muy relativo: Hitler gustaba de los perros y los tuvo toda su vida, incluida a Blondi, una pastor alemán que estuvo con él en el bunker. Blondi fue envenenada por un miembro de las SS el 30 de abril de 1945 por orden de Hitler mismo, ya que deseaba comprobar la efectividad de las cápsulas de cianuro que le habían sido facilitadas por su médico personal.

Si un artista quiere utilizar el arte para denunciar lo que le desagrada de la sociedad está muy en su derecho y libertad de hacerlo. Pero a lo que me parece que no tiene derecho es a utilizar a un perro, a un gato, a un hámster, a un pollo o a cualquier otro ser vivo, al extremo de provocarle la muerte, como parte de su denuncia. Los animales no son objetos inanimados, no son un tubo de pintura, un pedazo de papel o un lienzo.

Los animales sienten dolor, alegría, amor, tristeza. Son capaces de demostrarnos, cuando nos relacionamos sanamente con ellos, atributos extraordinarios que a veces no logramos ni encontrar en otro ser humano: La lealtad, el cariño incondicional, la paciencia, la capacidad de asombro y de juego.

Es cierto, vivimos en una sociedad hipócrita, torcida y llena de doble moral en muchos aspectos. Pero no es matando a un animal y llamando a ese acto “arte” que lograremos un cambio sensible en la sociedad a este respecto, ni siquiera posiblemente una discusión de altura sobre nuestra hipocresía.

Denunciar las injusticias que ocurren a diario en nuestro mundo exige de nosotros valentía y aplomo. No nos escudemos en seres indefensos ni manchemos nuestras manos de sangre para decir en voz alta lo que vemos mal en nuestra sociedad. Y no llamemos arte a eventos que son simplemente expresiones exacerbadas de mentes enfermas.

(Publicado en revista Séptimo sentido, La Prensa Gráfica, domingo 10 de julio 2011).

There are 8 comments

  1. Nathan Maliszewski

    I despise it when people bring up Hitler to support an argument. With religion, politics and pet causes alike, people bellow “HITLER!” to brand the opposition as not just wrong, but on par with the 20th century’s (arguably) most infamous tyrant. I recently had yet another theist invoke Hitler as the ultimate evolutionist, which, of course, is blatantly false. Unreal.

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  2. Daniel

    De hecho que es algo inhumano la utilización de un animal como medio de expresión… creo que la verdadera creación de sentido artístico se crea en la coordinación de los límites- ligeros límites- entre el hombre y el animal, en la coordinación de las almas de ambos tipos de seres. Así como en la danza se describe la comunión de los cuerpos y en el teatro la comunión de las emociones. Lastimar a otro jamás será arte ni medio de conciencia. La conciencia es una visión de la vida, no un golpe entre los ojos.

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  3. Le Cruz

    Querida Jacinta:
    Aunque su analisis intenta profundizar en los motivos del planteamiento artístico, inevitablemente encuentra un callejón sin salida al tratar de hallar una justificación en la alegoría del material. Ni Simonse ni Habacuc tienen por objeto convertir al animal en el nucleo de la propuesta artística. Mas importante que el producto final está la idea, y en efecto, cada una de las propuestas de Simonse están planteadas con la idea del factor shock, teniendo como antecedentes movimientos como el Accionismo Vienés. Es por eso que su comparación ante los materiales es errónea, las propuestas de estos artistas no tienen como soporte al animal (no es la pintura al lienzo), si no a la idea. El objetivo que tienen los circos es de entretenimiento, el espectáculo, y el arte nunca ha portado la bandera, y mucho menos en esta clase de propuestas, de fungir como herrameinta para divertir a un grupo de gente. Su objetivo es concientizar, y eso esta mas que claro. Y finalmente, con respecto al desarrollo humano, hemos sido la unica especie capaz de romper las ataduras de la selección natural, nosotros moldeamos a la naturaleza. Reprogramamos genes, empujamos el desarrollo social a horizontes nunca vistos, y finalmente aplicamos la moral ante todos los seres vivos, y no solo a nuestra especie. En la naturaleza, los conceptos de bien y mal son inexistentes. El león que come a la gacela no es malo al asesinar, puesto que es su necesidad alimentarse. Proteger a la gacela del depredador por un concepto arbitrario es irrelevante (por ejemplo, el sufrimiento). Le brindamos rostro al planeta, hacemos partícipes de sentimientos como el ‘amor’ a los animales (habiendo millones de especies ¿quienes sienten amor? ¿como lo sabemos? Las cucarachas podrían sufrir o amar mas que un perro, pero eso es un planteamiento moral subjetivo, si te das cuenta). No son capaces de demostrarnos nada, nosotros nos vemos en la necesidad de interpretar esas necesidades. Y siendo que es mucho mas sencillo definir los sentimientos de un animal con mayor afinidad hacia nosotros (animales con rostro), asumiremos entonces que estos animales son capaces de sentimientos similares. Aún así, no podemos escapar de nuestras necesidades como especie, y siendo la unica especie en el planeta que crea arte, sería un insulto omitir las reflexiones y el desarrollo cultuiral al que nos lleva simplemente porque es cruel, cuando la propuesta indica con claridad ¿que es cruel? Tinkebell nos hace pensar acerca de esto, y pues ya es cosa tuya si lo ignoras o no. Esto es arte.
    Usen su criterio, la propuesta está ahí para quien quiera tomarla. Pero eso sí, ésta no es menos válida solo porque es “cruel”. Eso es una falacia.
    ¡Ah! Y con respecto a la experimentación con animales en medicina, eso es tema de otro cantar.

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  4. Esmeralda Chicas

    Me encanto!! Y no por la crueldad de lo que se describió, sino por la manera de hacer consciencia. Definitivamente se pone en duda quien es “el hombre” y quien el animal! Nunca me pierdo su columna.

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  5. Karla S

    Uff! Me costó muchísimo leerla, pero hay que hablar por los que no pueden hacerlo. Gracias por eso.

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  6. Bitacoras.com

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Advertencia: Si usted es de sensibilidad delicada, le recomiendo no leer la columna de hoy (o puede saltarse los siguientes 6 párrafos), porque tengo que arrancar con unas descripciones bastante desagradables. No quiero pertu…..

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